Estas palabras están dirigidas a reconocerle a Enrique el trabajo sistemático y riguroso, diario y constante que a partir de 1979 y hasta hoy ha realizado en su calidad de director del Centro de Estudios del Trabajo, CEDETRABAJO.
Aunque objetivas, por corresponderse con la realidad, estas palabras no son asépticas o neutrales. Por el contrario, tienen el sesgo de 63 años de amistad y camaradería compartidas desde cuando ingresamos a estudiar el bachillerato en el Colegio Mayor de San Bartolomé, en una esquina de la plaza de Bolívar de Bogotá. Amistad y camaradería que se cimentaron durante los años en que estudiamos psicología en la Universidad Nacional de Colombia en el fragor de ese sismo social, político e intelectual que fue el movimiento estudiantil de 1971.
Cuando se creó Cedetrabajo, retumbaban por doquier en Colombia los movimientos sociales que se abrían paso, luego del aletargamiento antidemocrático del Frente Nacional que pactó la alternación en el gobierno entre el partido liberal y el partido conservador durante 16 años. También se escuchaba fuerte el eco de la derrota que obligó a la caótica evacuación de la embajada estadounidense en Saigón el 30 de abril de 1975.
En el contexto de ebullición social, se generó la necesidad política de establecer vínculos con sectores democráticos de la intelectualidad, promover sus propias reivindicaciones y tender puentes entre su talento, conocimiento y competencias profesionales con los sindicatos de trabajadores, con las organizaciones del campesinado y, en una idea que cierta izquierda se niega en comprender aún en la actualidad, con los empresarios grandes y pequeños interesados en el desarrollo del agro y la industria y del capitalismo nacional. Con esa idea, fundamentada en el concepto de nación, se concibió Cedetrabajo.
La intelectualidad se definió en un sentido amplio. De un lado, profesionales calificados, en particular en las áreas económicas. Pero también científicos de la naturaleza y de la sociedad, hombres y mujeres de las artes y las letras, mujeres educadas en la lucha por sus derechos.
Ahora, resumir las contribuciones de Enrique a Cedetrabajo durante casi 50 años es difícil. Quiero brevemente desatacar cinco puntos:
Primero. Mantuvo vigentes los principios y fue consecuente con los objetivos fundacionales de Cedetrabajo.
Los estatutos establecen: “Cedetrabajo es una asociación de profesionales de diversas áreas que ponen sus conocimientos al servicio de la defensa del trabajo, la producción y la soberanía nacional, la búsqueda del bienestar de la población, la lucha por la democracia política y la promoción de la investigación científica”.
En estos tiempos en que prevalece cambiar de posición de con el tamaño del plato de lentejas, Enrique no se apartó ni un milímetro de los objetivos originales de Cedetrabajo y cuando, en un breve interregno, delegó en un funcionario que terminó por dar prioridad a sus intereses personales sobre los de la organización, no vaciló en reemplazarlo y retomar la dirección para recomponer el camino.
Segundo. Hizo del análisis económico, crítico e independiente, el eje de la actividad de Cedetrabajo.
Para Enrique, no es posible batallar por la soberanía nacional, la producción, el trabajo, por el arte y la cultura nacionales sin entender la teoría económica crítica más avanzada y sin hacer uso de las herramientas de la economía, incluidas la econometría y el análisis estadístico multivariado.
Junto con Jorge Enrique Robledo y otros intelectuales y militantes en el Continente, Enrique diseccionó el fundamento asimétrico y neocolonial de la economía de los tratados de libre comercio y en particular la de los TLC con los Estados Unidos, que pretenden perpetuar el atraso económico de nuestras naciones. El balance de estos tratados hecho por Cedetrabajo y otros centros de investigación en América Latina y el Caribe confirman el acierto de haber rechazado la inequitativa política del libre comercio.
Son incontables los estudios económicos para sindicatos, entidades públicas y privadas, organizaciones de cooperación internacional, o simplemente para comprender y educar sobre la realidad nacional o internacional realizados bajo la dirección de Enrique. Muchos de ellos sin su firma, pues al análisis económico crítico, Enrique le suma la filosofía budista del desapego, entendido como no aferrarse a la necesidad de ser reconocido para ser consciente de la valía personal y para aportar al conocimiento o a la transformación de la realidad.
Tercero. Dirigió la revista Deslinde.
Entre junio de 1982 y abril de 2017 Cedetrabajo publicó 60 números de la revista Deslinde, un volumen cada siete meses en promedio. No parece mayor cosa hasta que se conoce que Enrique, con un reducido miembro de colaboradores, voluntarios cómo el mismo, planeaba los contenidos, participaba del diseño gráfico y la estructura editorial, seleccionaba los temas para las distintas secciones, contactaba los potenciales autores, los persuadía de escribir textos originales en tiempos en que no existía la Inteligencia Artificial, revisaba los textos, editaba los manuscritos, escogía la portada, estaba pendiente de la impresión y de la distribución a todos los rincones del país. Y como la revista se autofinanciaba con las ventas, tenía que llamar a cobrar a los deudores morosos para poder emprender la edición del próximo número.
Hoy la colección de los 60 números de Deslinde constituye un archivo del pensamiento crítico colombiano. En sus páginas se encuentra documentada la evolución de las políticas neoliberales en Colombia y su implementación, la crisis del sector cafetero, la desindustrialización crónica a través de los distintos gobiernos y diferentes reformas tributarias. Amén de bellas páginas sobre literatura, música, arte y cultura, incluida la poesía.
También se encuentra descrita e interpretada la realidad geopolítica de la época. La sección internacional de Deslinde era para Enrique imprescindible. El mensaje a la vez directo y subliminal con estos artículos era: Sin que nos quepa el mundo en la cabeza no hay realidad nacional que se pueda comprender cabalmente.
Los Jueves de Deslinde y los foros y seminarios con invitados de reconocida trayectoria fueron actividades de debate y diseminación del conocimiento que complementaron la revista escrita.
Cuarto. Combinó de manera ejemplar el rigor académico y el activismo social.
Bajo la dirección de Enrique, Cedetrabajo ha sido un centro de estudios que investiga con rigurosidad metodológica partiendo de la realidad de las cifras y del análisis de los datos cuantitativos y cualitativos. También un centro que investiga para la educación y para alimentar con razones los movimientos sociales.
Cuando le pregunté a Gemini sobre el rol de Enrique Daza, la Inteligencia Artificial arrojó de inmediato la siguiente frase: “Como director histórico de Cedetrabajo y la Revista Deslinde, su rol ha sido el de un «arquitecto intelectual» de la resistencia al modelo neoliberal en Colombia”. Este papel de Enrique se extendió al plano internacional, especialmente entre 2001 y 2008 cuando fue elegido secretario de la Alianza Social Continental durante dos períodos, la principal red de organizaciones que coordinó la oposición al Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA.
Durante su gestión en la ASC, Enrique contribuyó a articular movimientos sociales desde Argentina hasta Canadá mientras exploraba con dirigentes sociales de estos países cómo establecer modelos de integración regional alternativos. Personalmente lo acompañé en Tucson, Arizona, entre el 30 noviembre y el 4 de diciembre 2004 y en Washington DC, entre el 6 y 8 de diciembre del mismo año, durante la sexta ronda de negociaciones del TLC Colombia-Estados Unidos. Enrique lo mismo marchó con pancartas al lado de organizaciones locales denunciando el tratado, que celebró múltiples reuniones con congresistas, inmigrantes afectados por el NAFTA, intervino en diferentes eventos y dio entrevistas a distintos medios.
Como bien sabemos, la ambición del ALCA, tan cara a los intereses de la Casa Blanca, terminó por hundirse en la cumbre de Mar del Plata en noviembre de 2005. Ese fracaso del intento de convertir una vez más el territorio y la población de Latinoamérica en coto de caza para el mercado de los productos y el capital norteamericanos obedeció en parte a los movimientos sociales que presionaron a los gobiernos de la región a oponerse a su implementación.
Quinto. Construyó organización y tejió redes.
Cedetrabajo y La revista Deslinde lograron consolidar equipos y colaboradores estables, en su inmensa mayoría voluntarios de una causa común, al igual que una red de corresponsales locales e internacionales que permitía nutrir con información y análisis una visión propia de la situación nacional y global, así como establecer una serie de alianzas estratégicas.
Se crearon capítulos de Cedetrabajo en Medellín, Manizales, Cartagena, Cali y Bucaramanga y se establecieron corresponsalías en Los Ángeles, Boston, Nueva York, Houston, Frankfurt, Boston, Lucerna y Buenos Aires, entre otras ciudades.
En procura de sus objetivos, con Enrique al mando, Cedetrabajo estableció relación con organizaciones de cooperación de diversa inspiración ideológica como Oxfam, la Fundación Ford o Christian Aid. Pero su prioridad constante ha sido la de promover y participar en la constitución de redes nacionales e internacionales que permanezcan en el tiempo y cuya sinergia confluya en movimientos sociales transformadores. De este interés dan fe: La Red Latinoamericana por Justicia Económica y Social (LATINDADD), Red de Trabajo Fiscal, Red Justicia Fiscal en América Latina y el Caribe y Justicia Tributaria, así como con diversas organizaciones de mujeres en Colombia y Latinoamérica que trabajan en temas de economía de género.
Este corto recuento de casi medio siglo pretende no solo exaltar la disciplina, la inteligencia y el trabajo duro de Enrique sino también hacer consciencia de todas las tareas que tenemos por delante. Mi invitación y estoy seguro la de Enrique es a unirse a Cedetrabajo, a fortalecer su organización. A desarrollar la investigación económica al servicio de los intereses de la nación. A generar conocimiento útil a los sectores, organizaciones y movimientos empeñados en transformar la salud, el medio ambiente, la educación, el agro, la industria, las finanzas, el trabajo y los derechos de hombres y mujeres.
Tenemos una base sólida para continuar: el legado de Enrique. Aprendamos del amigo y del compañero, de su tenacidad para alcanzar las metas en medio de las dificultades.
Dan fe de esa tenacidad y esa pasión que aprendió a bailar tango cuando siendo adolescente no coordinaba los pies ni para bailar un bolero. De la persistencia, que como practicante de Tai Chi, se entrenó en el arte y la técnica de “pushing hands”, mediante la cual, en el contacto con el oponente, se aprende a percibir su fuerza, conocer cuándo ceder para neutralizarla y luego devolverla sin esfuerzo, utilizando la cintura y el equilibrio para vencerlo sin emplear la fuerza bruta.












