OBESO Y ARTEL, PRECURSORES DE LA POESÍA DE LOS NEGROS EN COLOMBIA

Dic 18, 2009

OBESO Y ARTEL, PRECURSORES DE LA POESÍA DE LOS NEGROS EN COLOMBIA Guillermo Alberto Arévalo En este 2009, por extraña casualidad, se cumplen aniversarios de dos memorables poetas: Jorge Artel y Candelario Obeso. El primero nació en 1909, en Cartagena, y Obeso en 1849 en Mompox. Cien y ciento sesenta años de memorias negras convertidas […]

OBESO Y ARTEL, PRECURSORES DE LA POESÍA DE LOS NEGROS EN COLOMBIA Guillermo Alberto Arévalo En este 2009, por extraña casualidad, se cumplen aniversarios de dos memorables poetas: Jorge Artel y Candelario Obeso. El primero nació en 1909, en Cartagena, y Obeso en 1849 en Mompox. Cien y ciento sesenta años de memorias negras convertidas en versos. Candelario Obeso, de origen humilde y menospreciado por nuestra crítica literaria, probó “el pan duro”. Como lo relata en un hermoso (…)

OBESO Y ARTEL, PRECURSORES DE LA POESÍA DE LOS NEGROS EN

COLOMBIA

Guillermo Alberto Arévalo

En este 2009, por extraña casualidad, se cumplen aniversarios de dos memorables poetas: Jorge Artel y Candelario Obeso. El primero nació en 1909, en Cartagena, y Obeso en 1849 en Mompox. Cien y ciento sesenta años de memorias negras convertidas en versos. Candelario Obeso, de origen humilde y menospreciado por nuestra crítica literaria, probó “el pan duro”. Como lo relata en un hermoso prólogo a sus Cantos Roberto Burgos Cantor, entre las tareas escolares su padre le encontró versos, le estrelló los papeles en la cabeza y le dijo que eso era lo que comían los poetas. Fue sin embargo traductor del Otelo de Shakespeare, y de genios como Musset, Víctor Hugo, Tennyson y Longfellow, entre otros. Hoy en día no son asequibles sus versiones; así mismo una Gramática de la lengua castellana. Sin embargo escribió su poesía no en el español de los dominadores sino en el lenguaje de su tierra, de su gente. Para algunos, es difícil entenderlo cabalmente, pero existen ya versiones actualizadas de sus Cantos populares de mi tierra, en los cuales vertió toda la ternura, el idioma, la sensibilidad, la picardía y el lirismo de su raza. Vivió escasos treinta y cinco años, pero además de gran poeta fue maestro de escuela, tesorero municipal de Magangué, militar, político, tentador del suicidio, andariego, enamoradizo, prisionero, dramaturgo, autor de textos pedagógicos y novelista.

En su época predominaba la poesía romántica. Él no quiso seguir la corriente. Dijo: “Había de comenzarse por imitar el brote espontáneo del sudoroso montaraz que compone coplas jocosas y les adapta música peculiar para endulzar las horas de fatiga; mientras derriba con el hacha el árbol centenario, impulsa con la pesada palanca la piragua aborigen”. Hasta Jorge Isaacs reconoció en su momento el valor de su poesía popular, y en María se recogen, con variantes y sin cita, versos de la ya famosa “Canción del boga ausente”, esa que comienza: Qué triste que está la noche; La noche que triste está

Y termina: Así es de oscura la ausencia. ¡Bogá, bogá!

Por cierto, es un poema dedicado a Caro y Cuervo. Jorge Artel fue oriundo de Cartagena de Indias. Aparte de su libro más conocido, Tambores en la noche, escribió Sinú, Riberas de asombro jubiloso, Coctel de estampas, y Poemas con botas y banderas. Pocos de ellos fueron acogidos por las editoriales. El primero, publicado en 1940, le mereció de parte de Eduardo Carranza el título de “primer gran poeta marino de Colombia”. Se nutrió de una tradición que incluye a Luis Palés Matos, el norteamericano Langston Hugues y su amigo personal, el cubano Nicolás Guillén.

Aún viven en Cartagena ancianos que narran sus encuentros con Guillén, durante las noches, recostados en las palmeras de la playa, alternando un poema y un ron hasta quedar dormidos bajo la brisa marina.

En su poema “Credo”, que inicia diciendo “En el nombre de Lenin / Padre de la historia”, culmina con un fervoroso llamado a la Libertad:

Creo en la insurrección de las colonias, Curazao, Trinidad, Martinica, las Guayanas, Y de todos los pueblos sojuzgados; En la libertad de Puerto Rico, Indochina, Formosa, Corea, La India y África.

Todavía faltan por cumplirse algunos de sus sueños.

Pero este es el año para rendirles homenaje a los dos grandes poetas negros de nuestra patria, por encima de las celebraciones festivaleras que pretenden apropiárselos. Ellos son del pueblo y para el pueblo.

Para ver completo hacer clic en documento adjunto.

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El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

Torre de perforación asociada a exploración de gas natural

El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

Gustavo Petro habla en conferencia sobre transición energética

La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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