En la madrugada del 3 de enero, fuerzas especiales de Estados Unidos realizaron un operativo sin precedentes. Secuestraron a Nicolás Maduro después de varios meses de preparación; usaron miles de soldados, más de 150 aeronaves, entre cazas, bombarderos, helicópteros y drones, atacaron bases militares, desplegaron mecanismos de guerra electrónica con armamento altamente sofisticado y cortaron la electricidad en zonas claves. Murieron 32 ciudadanos cubanos encargados de proteger a Maduro, y, según el New York Times, otras 80 personas que lo custodiaban. Estimaciones posteriores calculan que las víctimas pudieron ser varias decenas más.
Una operación largamente preparada
El ataque se realizó después de reiteradas amenazas, una intensa campaña mediática contra Maduro y el despliegue de un gigantesco dispositivo naval en las costas venezolanas, sumado al bombardeo y hundimiento de pequeñas embarcaciones acusadas de narcotráfico. En respuesta, el gobierno venezolano activó planes especiales de defensa y movilización, incluyendo el uso de algunos dispositivos antiaéreos rusos y chinos, y una campaña internacional para denunciar la amenaza de invasión.
La operación estadounidense incluyó el Fuerte Tiuna, un almacén de equipos de diálisis, el puerto de La Guaira, el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, el Instituto de Agroecología e instalaciones militares, principalmente en el centro del país. No hubo movilizaciones inmediatas, y mucho menos una acogida al ejército gringo. La euforia que demostraron algunos inmigrantes venezolanos en el exterior no se replicó dentro del país.
El ataque aéreo no fue detectado ni contrarrestado y, en menos de dos horas, los destacamentos estadounidenses lograron su objetivo: secuestrar a Maduro y a su esposa, y trasladarlos a Nueva York, donde de inmediato comenzó su juicio por conspiración para introducir drogas en Estados Unidos, posesión de armas y otros delitos que, según el gobierno estadounidense, afectaban su seguridad nacional. No había prácticamente comenzado la presentación de Maduro cuando el Departamento de Justicia, principal acusador, cambió la acusación: eliminó la relativa al Cartel de los Soles por falta de evidencia sobre la existencia de esa organización y echó atrás otras acusaciones como la posesión de ametralladoras, que, tratándose de un jefe de las Fuerzas Armadas venezolanas, resulta sospechosamente ridícula.
La misma acusación reconoce a Maduro como jefe de Estado, y la propia legislación estadounidense da inmunidad a los jefes de Estado de otros países y prohíbe juzgarlos en territorio estadounidense. Todo indica que, si el tribunal se atiene a la legislación interna e internacional, el proceso quedará como un montaje con fines políticos, plagado de irregularidades. Otras fuentes estadounidenses anuncian nuevas acusaciones y pruebas.
Los demás miembros destacados de la cúpula gubernamental venezolana, tales como Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello o Vladimir Padrino, no fueron retenidos, y Delcy Rodríguez asumió la presidencia. Otros miembros del gobierno hicieron declaraciones pidiendo la liberación de Maduro y reclamando pruebas de su sobrevivencia. En sus primeras intervenciones, Delcy Rodríguez llamó a una cooperación con Estados Unidos. Inmediatamente comenzaron los trámites para el intercambio de embajadores.
Venezuela administrada por EE. UU.
En la rueda de prensa posterior al ataque, Trump señaló que asumiría la administración de Venezuela y que habría una transición, que no contaría con la participación de María Corina Machado por no lograr el consenso y no estar capacitada para dirigir el país. El gobierno sería administrado por un equipo de funcionarios estadounidenses encabezado por el mismo Trump. El presidente de Estados Unidos reveló que Delcy Rodríguez mantenía una posición de cooperación, anunció que se proponía recuperar el petróleo que, según él, había sido robado por las autoridades venezolanas, y anticipó que habría grandes inversiones. Para ello reunió a las grandes empresas petroleras, que, sin embargo, no asumieron ningún compromiso, exigiendo garantías económicas y de seguridad.
Para iniciar, Trump anunció la toma de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo. En medio del alud de declaraciones, se supo que Chevron ya venía produciendo y exportando normalmente por acuerdos previos con Maduro, por lo cual la operación de las empresas petroleras no sería mayor motivo de controversia.
El jefe de la Guardia de Honor de Maduro, Javier Marcano Tápata, quien a su vez era jefe de Contrainteligencia del gobierno y había sido comandante de las milicias bolivarianas, fue detenido, y comenzó la búsqueda de presuntos cómplices en la entrega de Maduro, lo cual confirmó los indicios sobre la cooperación de personas de alto nivel con la operación estadounidense.
Complicidad interna en captura de Maduro
Las sospechas sobre el grado de complicidad de altos funcionarios no excluyen a nadie. Haber descartado a María Corina para una eventual transición, la falta de respuesta de las Fuerzas Armadas bolivarianas y el reconocimiento del papel de Delcy Rodríguez permite suponer que había, o bien un acuerdo con el gobierno chavista, o que varios de sus miembros estaban negociando, o que cedieron ante presión, chantaje o sobornos. Delcy Rodríguez, quien asumió la presidencia, enfrenta las presiones cotidianas de Trump y Marco Rubio, que le exigen la liberación inmediata de los presos políticos. Las autoridades estadounidenses quieren cobrar nuevas cabezas, como las de Padrino y Cabello, y al mismo tiempo cogobernar con la cúpula chavista. Sectores del chavismo manifiestan su inconformidad y renuevan su lealtad a Maduro y a la Revolución Bolivariana. Son previsibles movilizaciones por parte de quienes se oponen a las acciones estadounidenses.
Colombia ensanduchada
A pesar de las decenas de invasiones e intervenciones de Estados Unidos en todo el mundo, no se había visto una tan descarada, tan implacable y con objetivos tan explícitamente ligados al saqueo de recursos naturales y al cambio violento de la cúpula gubernamental. Colombia se puede ver gravemente afectada: la situación en las fronteras puede tornarse explosiva, el intercambio comercial interrumpido, y pesan sobre el país las amenazas de Trump y una oleada de intervencionismo que no se limita a la región, sino que se extiende a todo el mundo, poniendo en mayor peligro la estabilidad mundial.
La mayoría de los países del Sur Global, incluyendo a varios que condenaron la agresión estadounidense. Por su parte, aunque lo mismo sucedió en América Latina, la división es visible, pues varios países dieron mayor énfasis a la condena al gobierno de Maduro y a resguardar sus buenas relaciones con Estados Unidos. La mayoría de las organizaciones multilaterales se encuentran paralizadas, situación que se agrava con la reciente decisión estadounidense de retirarse de ellas.










