Al comenzar el siglo XXI, el pri – mero del tercer milenio, el mun- do ingresa a una era decisiva para la evolución humana. En este milenio que recién comienza bajo heraldos contradictorios de incertidumbre y esperanza, se habrá de dirimir el conflicto esencial que caracteriza a la civilización contemporánea: la aplicación cada vez mayor de la ciencia a la producción ha creado una colosal riqueza material y un gigantesco dispositivo tecnológico cuyos enormes recursos se pueden aplicar o bien para que ninguno de los actuales 6 mil millones de habitantes pase hambre, desprotección e ignorancia, o bien para incrementar los dispositivos de explotación, sometimiento, destrucción y muerte masiva. Todo ese formidable potencial tecnológico que constituye el patrimonio material y cultural de la humanidad y que ahora mismo está en juego, ha sido posible en virtud de la milenaria aplicación del conocimiento a la transformación de la realidad y, dentro de ese conocimiento, las matemáticas han tenido una participación decisiva.

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