En mayo costo de vida de los colombianos creció 0,51%

Jun 7, 2016

DataiFX 2016-06-04 El Departamento Administrativo Nacional de Estadística DANE, en Colombia la inflación en Colombia en mayo de 2016 fue de 0,51%, superior a la del mismo mes de 2015 cuando se ubicó en el 0,26 %. El comportamiento de los precios de los alimentos muestra una tendencia decreciente. El grupo de gasto que registró la […]

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DataiFX 2016-06-04

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística DANE, en Colombia la inflación en Colombia en mayo de 2016 fue de 0,51%, superior a la del mismo mes de 2015 cuando se ubicó en el 0,26 %.

El comportamiento de los precios de los alimentos muestra una tendencia decreciente.

El grupo de gasto que registró la mayor variación mensual fue vivienda con 0,76 % (mayo de 2015 fue 0,68 %); salud 0,52 % (mayo de 2015 fue 0,25 %); otros gastos 0,57 % (mayo de 2015 fue 0,76 %).

Comparado con el mismo periodo del año anterior, los grupos que cambiaron la tendencia fueron transporte 0,49 % (mayo de 2015 fue -0,04%) y alimentos 0,46 % (mayo de 2015 fue -0,28 %).

Los alimentos que registraron las mayores variaciones de precios fueron tomate (16,62 %), cebolla (15,61 %), papa (9,78 %), carne de res (5,45 %).

Esta es la tendencia de la variación de precio de los alimentos durante este año 2016: enero (2,82 %), febrero (1,44 %), marzo (1,62 %), abril (1,26 %) y mayo (0,46 %).

En el grupo transporte los de mayores variaciones fueron precios de los vehículos (1,07 %) y combustibles para vehículos (1,27%), dada la coyuntura particular que
afecta el precio de este tipo de bienes.

La variación año corrido (enero – mayo de 2016) fue de 4,60 %. El grupo con la mayor variación año corrido fue alimentos con 7, 82 %. En enero-mayo de 2015 fue de 5,33 %.

El grupo que presentó menor variación año corrido fue diversión con 1,49 %. En enero-mayo de 2015 fue de 2,20 %.

De junio 2015 a mayo 2016 la variación fue de 8,20 %. De junio 2014 a mayo 2015 fue de 4,41 %.

El grupo con la mayor variación en los últimos doce meses fue alimentos con 13,46 %. En junio 2014 – mayo 2015 fue de 6,16 %.

Por su parte, el grupo con menor variación en los últimos doce meses fue diversión con 3,79 %. En junio 2014 – mayo 2015 fue de 4,82 %.

Newsletter Cedetrabajo

El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

Torre de perforación asociada a exploración de gas natural

El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

Gustavo Petro habla en conferencia sobre transición energética

La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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