La primera década del TLC-USA confirma las alertas que no se escucharon

Jun 14, 2022

El Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos se promovió con el argumento de que sería un motor de crecimiento y desarrollo económico para Colombia. El gobierno de entonces aseguró que se garantizaría el acceso de manera permanente al mercado más grande del mundo. Esa nueva demanda más el incremento de la inversión proveniente […]

El Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos se promovió con el argumento de que sería un motor de crecimiento y desarrollo económico para Colombia. El gobierno de entonces aseguró que se garantizaría el acceso de manera permanente al mercado más grande del mundo. Esa nueva demanda más el incremento de la inversión proveniente del norte aumentarían la producción y crearían muchos puestos de trabajo. 

Tras una década de su implementación, el balance no se puede alejar más de las promesas iniciales. La balanza comercial pasó a ser deficitaria, las exportaciones se concentraron en productos primarios, las de manufacturas se contrajeron y los anunciados nuevos mercados se encuentran tan lejos como antes. La mayor inversión que iba a dinamizar el aparato productivo nunca llegó, pero los productos estadounidenses sí inundaron el país y sustituyeron parte de la producción nacional. En resumen, el impacto fue desastroso para el aparato productivo y el empleo de los colombianos.

Aunque el contrato firmado por Colombia cobija prácticamente todos los aspectos socioeconómicos del país -compromisos en materia de inversiones, propiedad intelectual, derechos laborales y ambientales, entre otros-, el presente documento se centra en evaluar los resultados comerciales tras diez años de implementación del tratado. Vale la pena señalar que en los otros temas los resultados tampoco son positivos, como lo evidencia la falta de transferencia tecnológica o la nula contribución que ha dado para proteger los derechos laborales y los ambientales.

El TLC incluye el comercio de servicios, lo cual influye en quién y cómo se realizan actividades económicas tales como el transporte, el turismo y los servicios financieros. Aseguraba además una participación fuerte del capital extranjero en la construcción de obras viales y aeropuertos. El capítulo de inversión es el más importante, pues elimina los llamados requisitos de desempeño, la potestad del Estado tendiente a priorizar, condicionar u orientar la inversión estadounidense hacia los sectores que más convengan al país, de modo que queda sujeta a lo que los inversionistas extranjeros consideren rentable a sus estrategias corporativas mundiales, que se rigen por los vaivenes de la economía mundial y no por las prioridades de cada país.

Diez años después de la entrada en vigencia del TLC, los resultados son lamentables. La Inversión Extranjera Directa de Estados Unidos en Colombia representó en 1994 el 20.5% del total de la IED, y entre 2019 y 2021 fue en promedio anual el 20,2%. Pasó de representar el 30% de la IED en la década anterior al TLC al 17,9% en los diez años posteriores.

Entre 2002 y 2011, la IED proveniente de EU creció a un ritmo promedio de 22% anual, mientras que entre 2012 y 2021 el ritmo promedio fue decreciente en 1.4%. El total de la IED, comparando los diez años previos al tratado con los diez posteriores, apenas aumentó en 3.400 millones de dólares.

En los últimos ocho años, el promedio de inversión proveniente de EU se redujo. Fue de USD$2.100 millones, mientras que los ocho años anteriores fue de USD$3.700 millones. Se incumplió la promesa de que habría inversión extranjera a raudales, lo cual muestra que no basta eliminar los controles a la inversión para que esta llegue y es más lo que se pierde al renunciar a una política de inversión selectiva y focalizada. 

En términos generales, los sectores primario y secundario no observaron mejoría con el TLC; por el contrario, se produjo un continuo deterioro de la balanza comercial. Una de las principales características de la relación comercial con Estados Unidos es que Colombia exporta materias primas y luego importa esos mismos productos con algún grado de elaboración, hecho que se afianza con el TLC.  

Colombia sigue desaprovechando sus recursos naturales

Una de las primeras promesas incumplidas es la diversificación del aparato productivo. Al igual que hace diez años, Colombia es completamente dependiente de las exportaciones de petróleo, que son las que han permitido disimular un poco el fracaso. El comercio con Estados Unidos se puede resumir en exportaciones de petróleo e importaciones de derivados del petróleo que tienen mayor valor agregado. 

Gracias a las ventajas arancelarias del TLC, se importan de Estados Unidos cerca de $5.200 millones de dólares de la rama industrial Petroquímica. Tras la caída de los precios del petróleo en el 2014, la dinámica exportadora del país con Estados Unidos se contrajo y no se vislumbra recuperación en el corto plazo debido a la independencia petrolera que logró Estados Unidos con el Fracking. El petróleo explica cerca de la mitad de las exportaciones, pero los derivados del petróleo se importan y representan el mayor déficit del sector petroquímico. 

El TLC deteriora la seguridad alimentaria del país

En los últimos 10 años el sector agropecuario, incluyendo la trilla de café, redujo su superávit en 88 millones de dólares, importó cerca de 5 millones de toneladas y exportó apenas 866 mil toneladas en promedio cada año. En total, desde 2012, se exportaron 8.7 millones de toneladas de productos, principalmente de cultivos permanentes como café, flores, banano o plátano; y se importaron 49.5 millones de toneladas de productos agropecuarios, principalmente de cultivos transitorios como maíz, trigo, soya y otros granos. En resumen, el país le compró más de seis veces la cantidad de productos agropecuarios que vendió a Estados Unidos.

Si se concentra el análisis en la industria alimenticia, es claro el desbalance. El país pasó de importar 350 mil toneladas de alimentos procesados en 2010 a cerca de 2 millones de toneladas en 2021. En este periodo, las exportaciones apenas pasaron de 350 mil a 540 mil toneladas. La torta y el aceite de soya, la carne de cerdo, el arroz y la leche procesada concentran más del 50% de las importaciones de alimentos procesados de Estados Unidos. Mientras tanto, el 60% de las exportaciones del país se concentran en café.

Las manufacturas clave poco avanzaron

En el sector moda, Estados Unidos continúa siendo el principal destino de las exportaciones de prendas de vestir y confecciones, donde destacan los pantalones, ropa de tocador, camisetas, tirantas entre otros bienes finales del sector. Mientras que las importaciones se concentran en insumos de cómo hilados, telas, alfombras, tejidos, entre otros; cada vez más China sustituye el papel de proveedor de insumos de Estados Unidos y provee también bienes finales como calzado y otras prendas de vestir.

En la industria automotriz el déficit con Estados Unidos se redujo por una mayor presencia de las importaciones de China y la Unión Europea en los últimos años. Este déficit pasó de $990 millones de dólares en 2010, a $740 millones de dólares en 2021. En términos de volumen, las 78 mil toneladas importadas en 2010 se redujeron a la mitad en 2021. Las importaciones disminuyeron por una menor compra de aviones, helicópteros y vehículos de transporte terrestre. Las exportaciones escasamente aumentaron a favor de piezas de avión como asientos, ruedas, chasis y demás. El monto total exportado del sector en 2021 apenas alcanzó los $100 millones de dólares.

En esta canasta de productos plásticos Colombia tuvo un déficit acumulado con Estados Unidos de $74 millones de dólares en la primera década de este siglo; en los diez años de vigencia del TLC el déficit acumulado creció hasta los $117.5 millones de dólares. Las exportaciones pasaron de $100.6 millones de dólares a apenas $183.3 millones de dólares, mientras que las importaciones se redujeron apenas $61 millones de dólares, con un total de $214 millones en el valor de las compras de Colombia en 2021. 

Otras industrias como la farmacéutica o la de electrónicos y equipos eléctricos presentaron comportamientos marginales que refuerzan el fenómeno de desindustrialización y la dependencia de los mercados externos.

Conclusiones

Se ha hecho un gran daño a la economía y hay que repararlo. Falló el modelo de desarrollo enfocado en las exportaciones de bajo valor agregado. La búsqueda de la competitividad en las cadenas globales de valor mediante la reducción de los costos laborales deterioró la capacidad de consumo de la economía. En el sector agrícola, las exportaciones de café, flores y banano no son suficientes para compensar las importaciones de cultivos transitorios, como el maíz amarrillo, el trigo y la soya -productos clave para nuestra seguridad alimentaria y destruidos por esta política de importaciones-. 

Colombia no logró diversificar sus exportaciones industriales y en estos diez años no se ha consolidado ningún sector industrial importante que cumpla con las exigencias de competitividad de los mercados mundiales. En la canasta industrial, Estados Unidos es el segundo país con el que Colombia tiene el déficit más grande, solo superado por China. Aunque en el marco del TLC se diversificaron las ventas del país a ese mercado, solo cuatro partidas sumaron el 57% de las exportaciones industriales: Café, Oro, Gasoil y Fueloils. El mayor déficit a nivel de ramas de actividad industrial en estos 10 años de TLC se encuentra en el sector petroquímico, de automóviles y de productos de madera.

Modificar el modelo de desarrollo del país es un proceso de largo plazo que debe darse de forma concertada con los actores sociales y económicos y ajustarse, en cada una de sus etapas, al contexto interno y externo de la economía. En el corto plazo, las reformas neoliberales y los TLC limitan de forma importante la acción del Estado. En términos comerciales, el 66,4% de los productos importados se comercian bajo algún régimen comercial especial (acuerdo comercial).Sin embargo, las herramientas de política en manos del gobierno y del Banco de la República permiten comenzar procesos de ajuste transitorios que favorezcan las cadenas internas de valor y aprovechen la reducción de costos de las importaciones en los sectores orientados al sector externo. Entre las tareas más urgentes está la reconstrucción de las relaciones internacionales del país con proveedores geoestratégicos. En términos generales, la política comercial debe buscar la renegociación de los tratados de libre comercio, al tiempo que implementa medidas de protección y fortalecimiento del mercado interno y la demanda agregada.

  1. La información contenida en este reporte proviene de las siguientes fuentes oficiales: DANE y Banco de la República.

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Newsletter Cedetrabajo

El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

Torre de perforación asociada a exploración de gas natural

El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

Gustavo Petro habla en conferencia sobre transición energética

La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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