(Informe SIA #3) Los resultados de los TLC son peores de lo esperado, aunque el Gobierno intente ocultarlos

Feb 20, 2014

Informe del Sistema de Información Alternativo, SIA para 2013.            Los resultados de los TLC son peores de lo esperado, aunque el Gobierno intente ocultarlos El presente documento presenta un análisis de los principales indicadores comerciales de Colombia en el 2013. Los resultados del intercambio comercial se basan en los datos […]

Informe del Sistema de Información Alternativo, SIA

para 2013.

           Los resultados de los TLC son peores de lo esperado, aunque el Gobierno intente ocultarlos

El presente documento presenta un análisis de los principales indicadores comerciales de Colombia en el 2013. Los resultados del intercambio comercial se basan en los datos publicados por el DANE de las exportaciones e importaciones entre el 14 y 18 de febrero del presente año. El documento esta dividido en 2 partes: la primera hace referencia al análisis de los resultados de las exportaciones, importaciones y la balanza comercial del consolidado de 2013. La segunda parte corresponde al análisis de los pronunciamientos oficiales del Gobierno Nacional.

  1. 1.      Análisis de los resultados consolidados del comercio exterior de Colombia:

El comercio exterior de Colombia durante el 2013 muestra unos resultados preocupantes. La consolidación de la tendencia negativa observada durante los informes mensuales del DANE, demuestra que Colombia fue un perdedor neto al tener un desplome del superávit comercial del 45.5%, al pasar de US$4.032 millones a US$2.199 millones. El resultado es alarmante si se tiene en cuenta que la disminución del superávit comercial entre el 2011 y el 2012, disminuyó el 24.74%. Es decir, durante dos años consecutivos, Colombia disminuyó su ventaja comercial en 58.95%, lo que corresponde a una caída, en términos monetarios, de US$3.158 millones.

Industria en crisis

Dicha disminución del superávit comercial se explica fundamentalmente por la crisis del sector industrial. El déficit de este sector en su relación con el mundo aumentó 7% en el 2013, aumentando US$ 2.032 millones más al saldo en rojo. Como se muestra en la Tabla 1, los subsectores que más contribuyeron a los malos resultados fueron: fabricación de prendas de vestir, que pasó de tener un superávit comercial de US$18.500 millones a un déficit de US$-77.480, es decir una caída en picada de 518.8%. Así mismo, productos de refinación de petróleo (-) 392.9% e ingenios y refinería de azúcar (-38.5%).

La balanza comercial de bienes minero-energéticos creció 0.54%, mientras la balanza del resto de sectores cayó 6.72%, reforzando la especialización productiva de Colombia en el sector extractivo y poniendo en evidencia el abandono de la industria y el agro que atraviesa el país.

TLC con Estados Unidos, de mal en peor

Al analizar el intercambio comercial por países, se tiene que el país que más contribuyó en la caída fue Estados Unidos: el superávit comercial con esta nación en 2012 fue de US$8.250 millones y en 2013 cayó a US$2.777 millones, lo que corresponde a una caída del 66%. Tras casi dos años de la firma del TLC con el país del Norte, el superávit acumulado se redujo a la tercera parte. Si se toma el promedio de los balances de los últimos tres años, la caída es del 68%, es decir una pérdida de más de US$5.800 millones.

Los otros TLC: Canadá y Europa

Con la Unión Europea, con quienes también se tiene un TLC vigente, el superávit  disminuyó en un 20%, al pasar de US$2.018 millones en 2012 a US$1.624 millones en 2013. El resultado con Canadá, también con TLC, es de una caída de 10%.  Lo anterior es prueba de que los TLC que ha implementado Colombia lejos de beneficiar el comercio exterior lo han debilitado profundamente.

Comercio con Alianza Pacífico ratifica que será el peor TLC de Colombia

Sobresalen los resultados  comerciales con los países de la Alianza Pacifico, donde el superávit con Chile disminuyó en 43%, mientras el superávit con México aumentó en 18%. Con Perú también se obtuvo un resultado negativo (-37%). Es decir, no solo no se compensa el déficit agregado de los tres países, sino que se pierde ventaja comercial con Perú y Chile. Se espera que la firma del acuerdo comercial no cambie significativamente esta tendencia, dado que con dichos países ya existen preferencias arancelarias. Los efectos se pueden profundizar y ser nocivos para algunos cultivos agrícolas como maíz blanco, la carne de cerdo, la azúcar y la leche[1], como lo ha denunciado la SAC.  También se espera que se recienta el sector industrial, principalmente el sector automotriz, como lo han denunciado sus voceros.

Compramos más de lo que logramos vender

Si se analizan los resultados de las exportaciones e importaciones por los principales países de estudio, se encuentra que con la mayoría de ellos, las exportaciones crecieron por debajo de las importaciones. En el caso de Estados Unidos, las ventas externas disminuyeron en 15.5% mientras las compras aumentaron 14.7%. De los 14 productos que disminuyeron sus exportaciones, 12 hacen parte del sector industrial y 2 están asociados al minero-energético.

Las exportaciones por productos vislumbran de manera más específica la caída del superávit comercial. Si bien los productos primarios aumentaron sus ventas externas en 0.9%, los bienes industrializados decayeron en 2.7%, contribuyendo un 0.7% en la caída de 2.2% de las exportaciones totales. Sobresalen las caídas de los bienes manufactureros basados en recursos naturales (-7.2%) y las de baja tecnología (-9.8%). La fabricación de textiles y de prendas de vestir fueron las mas golpeadas (-13.4 y -13.2%, respectivamente), mientras las autopartes cayeron 15%, lo que configura una crisis comercial de ambos sectores. En general, las exportaciones de Colombia disminuyeron principalmente por las menores ventas del sector industrial (-6.4%) y un crecimiento diminuto de las agropecuarias (0.5%) y mineras (0.4%). A su vez, los bienes no tradicionales cayeron 4.9% y los tradicionales -1%. De esta manera, se comprueba que las exportaciones se debilitaron por el sector minero-energético, pero su caída se explica por los demás sectores, los cuales muestran claros síntomas de crisis productiva y comercial.

Las importaciones de bienes crecieron 0.5% en 2013 con respecto al 2012, explicadas por el aumento de las compras de combustibles y productos de industrias extractivas de 9.4% y bienes industrializados (9%). El crecimiento de las importaciones de bienes no duradero, como alimentos, vestidos, entre otros, aumentaron 2.2% y los bienes de capital disminuyeron su demanda externa en 0.1%. Este resultado es compatible con el de las exportaciones y la situación económica del país, dado que el sector industrial se encuentra en un periodo de contracción, lo que genera menores incentivos a renovar maquinaria y equipo, lo que motiva a la sustitución de bienes terminados nacionales por los extranjeros.

Los sectores donde mas se siente este efecto comercial, denominado desviación de comercio, son las prendas de vestir y la fabricación de maquinaria y aparatos eléctricos, los cuales aumentaron sus importaciones en 2.6 y 3.6%, respectivamente.

El análisis detallado de los resultados comerciales de Colombia ponen en discusión los anuncios y pronósticos alegres del Gobierno Nacional. En 2013 no solo se disminuyo a casi la mitad el superávit comercial, sino se debilitaron en materia grave sectores estratégicos de la industria. Las expectativas oficiales se desvanecen aceleradamente con los preocupantes resultados comerciales después de una etapa de firmas consecutivas de acuerdos de libre comercio.

La explicación fundamental se encuentra en la desaceleración del sector industrial, el cual disminuyó su producción en 1.9%, 9 veces mas de lo esperado a pesar de la devaluación del 5%. Guillermo Rodríguez, vocero de Proindustria, argumenta que no es el dólar el responsable del descalabro industrial, “sino la desprotección en que la ha dejado el Estado, ya que no está en capacidad de competir con la industria extranjera”. A su vez, el sector minero-energético se resintió por contracción de la demanda internacional y de los precios de los commodities. Sin embargo, no es posible inferir que los resultados comerciales se deben de manera exclusiva a la demanda de los países emergentes. En palabras de Eduardo Sarmiento, “en la mayoría de las actividades industriales y agrícolas los precios nacionales superan los internacionales. Así lo confirma el paro campesino y el cierre de las empresas ensambladoras de automóviles”.

Los problemas estructurales de la economía nacional tienen su causa fundamental en la creencia purista de los postulados del libre comercio. No se ha comprendido que los países comercian en un contexto mundial de competencia, donde los grandes países protegen su aparato productivo y las ventajas comparativas no se cumplen por completo. La vulnerabilidad comercial de Colombia se agudiza al tener un tipo de cambio revaluado y un creciente déficit en cuenta corriente, que asciende a 3.4% del PIB en 2012 y se estima en 2.8% para el 2013. Incluso la Anif[2], pronostica que este llegue al 4%, el más alto de la historia.

Se espera que para los años siguientes, la tendencia negativa del superávit comercial se mantenga y se profundice. La eliminación de la expansión monetaria de Estados Unidos tendrá efectos notorios en la inflación, la disminución pronunciada de los salarios reales de los trabajadores y alzas en la tasa de interés.

  1. 2.      El Gobierno desconoce los pésimos resultados comerciales y se equivoca en el diagnostico:

El Gobierno Nacional no ha hecho pronunciamientos oficiales que respondan de manera clara y efectiva a los resultados comerciales. Tan solo el Ministerio de Industria y Comercio emitió un boletín de prensa y el presidente Juan Manuel Santos un mensaje en su cuenta de Twitter.

Tanto en uno como en otro, se muestra una ambigüedad frente al análisis de los resultados del comercio exterior de Colombia en 2013. No solo se crean falsas conclusiones, sino se ofrecen equivocados diagnósticos sobre el problema.

El Ministerio de Industria y Comercio en su página web, publicó un boletín donde indica que  “Las menores exportaciones al cierre de 2013 se explican fundamentalmente por menores exportaciones de carbón y oro, que se han visto afectadas por menores precios internacionales. En el caso del carbón, también obedece a factores internos como los paros y los cierres temporales que redujeron las cantidades exportadas”. Los menores precios internacionales del oro y el carbón, junto a las menores cantidades vendidas son la causa fundamental del preocupante resultado. No dice ni una sola palabra sobre el sector industrial y agrícola.

Como ya se demostró, los resultados se explican por causas estructurales y en segundo lugar por razones coyunturales. De ser cierto el análisis del ministerio, ¿cómo se explica que las exportaciones de combustibles y aceites minerales a China aumentaron 69% y a India 123%, considerados como los países emergentes de mayor demanda internacional? Lo extraño es que la demanda externa de los bienes minero-energéticos en estos dos países aumenta en casi todos los rubros principales.

Por su parte, el Presidente de la Republica, Juan Manuel Santos escribió en su cuenta de Twitter: “Qué bueno que la industria volvió a crecer en diciembre y que el comercio superó ampliamente el crecimiento del mismo mes el año pasado.”. La Encuesta Anual Manufacturera demuestra que el crecimiento de la industria fue negativo en 2013            (-1.9%)  y el crecimiento en diciembre no compensó la debacle industria que ya cumple 3 años. A su vez, como se demuestra en el presente informe, los resultados consolidados de 2013 no son favorables. A diciembre de 2013 el país disminuyó su superávit a la mitad y Santos se empecina en mostrar un adornado resultado.

Abría que esperar un pronunciamiento oficial sobre los resultados, con un análisis mas elaborado y serio. Es preocupante la tendencia comercial de Colombia y se requiere de un cambio en la política exterior, por que de mantenerse en pocos años el se deberá explicar como se llegó a un déficit comercial.

Para los primeros meses de 2014, se realizará un seguimiento detallado sobre los resultados parciales por parte de Sistema de Información Alternativo, SIA.

Tabla 1.

 

Balanza

Cambio porcentual de la balanza comercial

Descripción

2013p

2012p

 

 

 

Total

2 199 820

4 032 758

-45,45%

Sector agropecuario

320.744

203.092

57,93%

Pesca

11.898

10.598

12,27%

Sector minero

34.226.152

34.041.645

0,54%

Sector Industrial

-32.456.526

-30.314.306

-7,07%

Ingenios, refinerías de azúcar

182.933

297.501

-38,51%

 Fabricación de  textiles

-927.585

-955.622

2,93%

Fabricación de prendas de vestir

-77.468

18.498

-518,79%

Transformación y fabricación de productos de madera

-200.970

-183.856

-9,31%

Coquización, Fabricación de productos de la refinación del petróleo

-1.331.794

-270.160

-392,97%

Fabricación de maquinaria y aparatos eléctricos

-1.392.077

-1.331.910

-4,52%

            Fuente: Dane. Elaboración propia.


[1] Informe 2 del SIA: http://tlcaldesnudo.com/en-noviembre-el-agro-siguio-perdiendo-con-los-tlc/

[2] http://anif.co/comentarioeconómicomiercolesEne15-14

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Newsletter Cedetrabajo

El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

Torre de perforación asociada a exploración de gas natural

El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

Gustavo Petro habla en conferencia sobre transición energética

La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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