(Informe SIA #45) ‘Bienvenidos al futuro’: lo que nos deja la apertura comercial de 1990

Feb 22, 2018

El 22 de febrero de 1990, bajo el gobierno de Virgilio Barco se emitió el documento CONPES 2465 bajo la denominación de la ‘Modernización de la Economía’, el cual establecía nuevos lineamientos sobre la política económica del país por cuenta, en parte, del ´chantaje’ y condicionamiento internacional por cuenta del Fondo Monetario Internacional y el […]

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El 22 de febrero de 1990, bajo el gobierno de Virgilio Barco se emitió el documento CONPES 2465 bajo la denominación de la ‘Modernización de la Economía’, el cual establecía nuevos lineamientos sobre la política económica del país por cuenta, en parte, del ´chantaje’ y condicionamiento internacional por cuenta del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para el financiamiento del gobierno y evitar una reestructuración y refinanciación de la deuda del país, concorde a las recomendaciones del denominado Consenso de Washington, encabezado por estas entidades.

Fue este el primer documento guía para la apertura comercial del país, en el cual las recomendaciones iban encaminadas a emprender medidas con el fin de liberalizar el comercio de mercancías, pero fue en el gobierno de César Gaviria (1990 – 1994), quien a las 11:30 am del 7 de agosto de 1990 recibió al vicepresidente de Estados Unidos, Dan Quayle, con quien analizó las relaciones bilaterales y los alcances de la propuesta económica del presidente Bush para América Latina.

Posterior a esta reunión se haría célebre la frase del entonces recién posesionado presidente: ‘Bienvenidos al futuro’, la cual cambiaría radicalmente el rumbo del país, en especial en lo que concierne al manejo macroeconómico. Bajo esta premisa llegaría el complemento y una política más agresiva del proceso de apertura económica, como lo muestra el mismo Plan Nacional de Desarrollo de 1990 – 1994:

“El proceso de apertura económica en términos administrativos consiste, en general, en la facultad de disminuir aranceles, eliminar restricciones cuantitativas y fijar la tasa de cambio. Sin embargo, el efecto de la reforma comercial se extiende al terreno cambiario y, por supuesto, al monetario y fiscal. En la práctica, la armonía entre los distintos frentes de política económica, durante un proceso de cambio, adquiere una gran importancia. La incertidumbre normal que rodea a los fenómenos económicos de corto plazo se intensifica en momentos de transición” (PND 1990 – 1994, capítulo II: Reformas Estructurales).

Ya han pasado 28 años desde aquel primer documento con las recomendaciones de apertura económica del país. Hoy Colombia está en ese futuro que los presidentes Barco y Gaviria anunciaron: un país con gran diversificación en su oferta exportadora, una industria robusta, un agro desarrollado, entre otros, que nunca han sido.

Por esta razón este informe se encargará de analizar los resultados, en términos comerciales y algunos económicos, de lo que ha venido dejando el proceso de apertura desde 1990, con las promesas y sus resultados.

Conoce y descarga el documento completo: 

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El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

Torre de perforación asociada a exploración de gas natural

El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

Gustavo Petro habla en conferencia sobre transición energética

La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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