Comunicado del movimiento de Dignidad Agropecuaria

Sep 4, 2013

4 de septiembre de 2013 a la(s) 7:54 Voceros y representantes de los movimientos, que componen la mesa directiva de Dignidad Agropecuaria, declaran ante la opinión nacional e internacional desde la ciudad de Tunja 1)A pesar de que el gobierno de Juan Manuel Santos hace alarde de haber solucionado la problemática agropecuaria del país, ninguno […]

4 de septiembre de 2013 a la(s) 7:54

Voceros y representantes de los movimientos, que componen la mesa directiva de Dignidad Agropecuaria, declaran ante la opinión nacional e internacional desde la ciudad de Tunja

1)A pesar de que el gobierno de Juan Manuel Santos hace alarde de haber solucionado la problemática agropecuaria del país, ninguno de los males que la aquejan ha sido resuelto y, por el contrario se agravarán, en el corto plazo, si no se destinan los recursos suficientes para atender las necesidades del sector.

2)Aunque se suspendieron temporalmente las concentraciones de productores en Boyacá y Cundinamarca para facilitar las negociaciones y que en Nariño comunidades indígenas hayan firmado un convenio de carácter parcial y regional, persisten en ese mismo departamento, en Huila, en Cauca, en Antioquia, en el Valle, en Santander, en Tolima y en Caldas y Risaralda, entre otros, decenas de miles de productores de café, de papa, de leche, de frutales, de panela, de arroz, de cebolla, de frijol, de tomate, de trigo, de cebada y de cacao, fique, cítricos y otros cultivos protestando porel incumplimiento oficial a los acuerdos ya suscritos, en términos de subsidios, crédito e importaciones y de rebaja de los escandalosos precios de insumos, semillas, combustibles y fertilizantes.

3)En la última semana se convocaron “mesas” de negociación que no han llegado a ningún acuerdo sustancial ni definitivo. En Villavicencio, no se concretó el alivio crediticio cierto para los arroceros; en Bogotá, la representación oficial desechó las propuestas para el control de los precios de los insumos, previa una rebaja efectiva; en Santander, los cacaoteros llevan más de un año de conversaciones sin respuesta y, en Tunja, del pliego presentado,aunque se ha avanzado un poco, no se ha decidido a plenitud ni siquiera el primer punto, en especial por el empeño de los delegados del gobierno de considerar los TLC con Estados Unidos y con la Unión Europea como escritos en piedra.

4)Con estos antecedentes, ninguno de los movimientos integrantes asistirá el 12 de septiembre venidero a la convocatoria de un “Pacto Nacional para el Sector Agropecuario y el Desarrollo Rural”. Sin negociación previa de sus contenidos, de los cuales se conocen los propuestos por la SAC, que reiteran las políticas aperturistas qu enos arruinaron; sin que se hayan honrado los acuerdos firmados -lo cual le ha quitado toda credibilidad al gobierno de Santos- y con los evidentes fines políticos de los que en época de elecciones y reelecciones está revestido dicho Pacto, puede concluirse que en esas circunstancias no hay posibilidad de que el funesto rumbo trazado al agro nacional pueda enderezarse y menos con las instituciones gremiales que no nos representan.

5)Con base en las consideraciones aquí expresadas, quienes suscribimos esta declaración, hemos tomado la decisión de continuar el paro agropecuario nacional y anunciar al gobierno nacional que cualquier conversación deberá realizarse, en la ciudad de Tunja, con la comisión negociadora -que hoy constituimos- de la Mesa de Dignidad Agropecuaria Nacional en los puntos del pliego que nos son comunes.

6) Los camioneros colombianos asociados en la ACC, ATC y la CCT nos hemos acordado, con la Mesa de Dignidad Agropecuaria Nacional para luchar por la rebaja de los combustibles y por eso reafirmamos nuestro compromiso de inmovilizar el parque automotor camionero.

7) Dignidad Agropecuaria Nacional quiere agradecer a los millones de colombianos que han expresado su respaldo a la justa lucha que pacíficamente hemos adelantado y pedirles que continúen respaldándonos.Igualmente, queremos expresar nuestro respaldo incondicional a las conversaciones que se vienen adelantando, por Dignidad Papera Nacional y demás productos agropecuarios de clima frío.

APROBADO en Tunja el 3 de septiembre de 2013.

Dignidad Cafetera – Dignidad Papera – Dignidad Cacaotera – Dignidad Arrocera- Dignidad Lechera – Dignidad Cebollera- Dignidad Frijolera-Productores de Cereales y Leguminosas- Acopaneleros. Floricultores del Cauca y Cultivadores de Caña de Azúcar, ACC, ATC y CCT

Newsletter Cedetrabajo

El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

Torre de perforación asociada a exploración de gas natural

El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

Gustavo Petro habla en conferencia sobre transición energética

La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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