Leider Ortiz Caro – Investigador de Cedetrabajo Cartagena Sin duda alguna, el mototaxismo nace como una respuesta al pésimo servicio que prestael transporte público en cuanto a comodidad, rapidez y acceso. Obviamente este sistema de transporte se maneja en la informalidad, pero con un alto impacto en la economía de la ciudad amurallada. Acabar con […]
Leider Ortiz Caro – Investigador de Cedetrabajo Cartagena
Sin duda alguna, el mototaxismo nace como una respuesta al pésimo servicio que prestael transporte público en cuanto a comodidad, rapidez y acceso. Obviamente este sistema de transporte se maneja en la informalidad, pero con un alto impacto en la economía de la ciudad amurallada.
Acabar con el mototaxismo por medio de la restricción del parrillero hombre aparte de ser una medida facilista, es una medida imprudente en las condiciones socio-económicas en las que se encuentra la ciudad. Donde el 69% de los cartageneros se encuentran en los estratos 1 y 2, la tasa de ocupados cayó 1,4% y con el agravante que la mitad de los empleados son informales. Según el informe de calidad de vida 2016 de Cartagena Como Vamos (CCC).
Los problemas más urgentes de la heroica son la pobreza, el desempleo y la inseguridad. Indicadores como la pobreza monetaria nos los indican; con los 294.895 cartageneros que se encontraron en esta condición que aumento para el año 2016, de acuerdo al informe de calidad de vida de CCC.
Ciertamente la ciudad sufre problemas de inseguridad, pero en esta materia se avanzó bastante en los últimos años. Pasamos de una tasa de sicariatosdel 39% del total de homicidios en el año 2013 a un 19% en el año 2016, se disminuyó el número de homicidios en los que intervino una motocicleta de 106 (40%) en el 2013 a 65 (25%) en el año 2016, según cifras del Informe de Calidad de Vida de CCC. Todo lo anterior, sin la necesidad de restringir el parrillero hombre en las motocicletas.
De acuerdo a Cartagena Como Vamos dentro de la estructura económica de la ciudad en el año 2016, la principal actividad económica desarrollada fue el comercio al por mayor y al por menor, reparación de vehículos automotores y motocicletas con un 38%. Este resultado encadenado con el 57% de las motocicletas en el parque automotor; posiblemente nos esté diciendo que los mototaxistas tengan una alta incidencia en la principal actividad económica de la ciudad.
Por otra parte, existeel estudio realizado por Andrés Sánchez Jabba “La economía del mototaxismo: el caso de Sincelejo” del Centro de Estudios Regionales del Banco de la República, quien concluyo que para el caso de Sincelejo es conveniente formalizar este sistema de transporte público, tratando de contrarrestar externalidades negativas como los atracos y controlar la oferta del servicio.
Para solucionar el problema del mototaxismo que se presenta en diferentes ciudades del país, en este caso Cartagena de Indias; debemos buscar garantizar la seguridad de los pasajeros, controlar la oferta del servicio y realizar un registro de las personas dedicadas al oficio para así poder diseñar políticas públicas que nos permitan trasladar el mayor número posible de cartageneros que se encuentran en este oficio al sector productivo de la economía local.
Por lo anterior; planteo una solución puntual, la formalización del mototaxismo como un medio de transporte público de la siguiente forma:
- Gestionar en el congreso de la república un proyecto de ley que modifique el Código Nacional de Transito (ley 769 de 2002), para que las autoridades territoriales puedan reglamentar el sistema de transporte público mediante motocicletas.
- Realizar un registro de los mototaxis en el DATT, con el fin de realizar una carnetización, para poder establecer restricciones para el oficio como: quienes presenten antecedentes penales en los últimos dos años no podrán hacer parte del mismo. Todo esto apuntándole a la seguridad para quienes utilizan este medio de transporte.
- Construyamos una base de datos, aprovechando el registro, para conocer si las personas que se dedican al oficio necesitan educación o empleo, y poder direccionar las políticas públicas, con el propósito de trasladar lentamente a quienes posean educación al sector productivo de la ciudad.
- Identifiquemos las motos registradas para el mototaxismo con una placa especial y plantear la uniformidad por parte de los mismos.
- Creemos una aplicación tecnológica que brinde seguridad y garantice un transporte seguro. En donde se pueda solicitar un servicio, se realicen pagos con tarjetas de crédito y conozcamos el perfil de nuestro conductor.
- Colocar estaciones para mototaxis conjuntamente con los centros comerciales, ubicando a las motos en puntos estratégicos para no congestionar el tráfico.
No solo estamos criticando una medida que puede dejar sin trabajo a más de 40.000 cartageneros, sino que proponemos una medida que formaliza el oficio del mototaxismo y busca garantizar la seguridad, rapidez y accesibilidad que exigimos como cartageneros y colombianos, en los sistemas de transporte público masivo.
El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.
Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.
Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.
El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.
Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.
La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.
A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.
Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.
La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.
Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.
Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.
La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.