(La República) Industria manufacturera cayó 1,9% en el año pasado sin contar refinación de petróleo

Feb 15, 2018

Fabricación de productos de caucho fue el mejor de los 39 sectores. Dentro de los resultados de la Encuesta Mensual Manufacturera (EMM) que presentó ayer el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), la entidad también entregó el balance del comportamiento de los 39 sectores industriales en 2017. La producción industrial en su conjunto sufrió una […]

Fabricación de productos de caucho fue el mejor de los 39 sectores.

Dentro de los resultados de la Encuesta Mensual Manufacturera (EMM) que presentó ayer el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), la entidad también entregó el balance del comportamiento de los 39 sectores industriales en 2017.

La producción industrial en su conjunto sufrió una variación negativa de 0,6% frente al año anterior, y el indicador sin considerar los productos refinados se ubicó en -1,9%, lo que indica que ni siquiera una Refinería de Cartagena (Reficar) con buenos resultados logró llevar a la industria a números positivos.

Para Mario Valencia, director de Cedetrabajo, las cifras negativas responden al “desaprovechamiento de 10 años de bonanza petrolera”, y a que “no se sacó jugo de la devaluación de los últimos años” a un sector con la capacidad de convertirse, en su opinión, en el principal motor de desarrollo nacional.

“No hay un plan de desarrollo para la industria nacional. Estamos importando casi US$35.000 millones en productos manufacturados que se podrían fabricar en Colombia”, dijo Valencia.

De las 39 actividades industriales representadas por la encuesta, 13 registraron variaciones positivas en su producción real, entre las que destacó la fabricación de productos de caucho, la cual tuvo el mejor indicador de toda la industria con un crecimiento de 9,4%.

Otros dos dominios que presentaron crecimientos considerables fueron la elaboración de aceites y grasas de origen vegetal y animal (8,6%) y la elaboración de productos de molinería, almidones y sus derivados, que aumentó en 6,8%.

LOS CONTRASTES

Raúl Ávila, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional sostuvo que parte de los resultados de estos sectores se deben a que “hay unas ramas que han tenido una buena demanda interna, pues no son fácilmente sustituibles por productos importados”.

Para el académico, la tasa de cambio también es un factor que afectó la producción industrial de 2017, ya que restringió la importación de bienes de capital, aunque para productos usados en sectores como construcción y edificaciones, la demanda de materias primas se mantiene inelástica, pues al estar en crecimiento constante no se ven tan afectados por cambios en los precios.

“El industrial promedio importa maquinaria, equipo y materias primas y la tasa de cambio alta del año pasado no lo favoreció. El IPP está muy alto y la producción también estaba saliendo muy costosa porque hay muchos insumos que no producimos”, explicó Ávila.

En contraposición a estas contribuciones a la producción industrial están los sectores que reportaron los peores indicadores industriales, que son las industrias básicas de metales preciosos y no ferrosos, que tuvieron una caída en su producción de 25%; la fabricación de vehículos automotores y sus motores, con un descenso 14,7%, y los artículos de viaje, bolsos de mano y artículos similares en cuero (-14,4%).

Por otro lado, las cifras del mercado laboral en el sector mostraron que durante 2017, el personal ocupado por la industria manufacturera, presentó una disminución de 0,9% frente a 2016. De acuerdo con el tipo de vinculación, el personal a término indefinido aumentó 1,4% y el personal contratado a término fijo disminuyó 3,9%.

Según la Andi, sector descendió 1,1%

Al igual que el Dane, la Asociación Nacional de Empresarios (Andi) presentó ayer el resultado de la Encuesta de Opinión Industrial Conjunta (Eoic), según la cual entre enero y diciembre de 2017 la producción industrial descendió en 1,1% para el reporte conjunto y, sin contar los productos refinados del petróleo, la baja que se percibió fue de 1,5%.

De acuerdo con el documento, para el caso de las ventas se registró un balance de -0,5% frente al año anterior, y una contracción de -1,2% en ventas hacia el mercado interno; excluyendo el subsector de refinación, las tasas fueron de -1,1% y -2%, respectivamente.

Al igual que en el reporte que presentó el Dane, 26 sectores presentaron caídas en producción y ventas. Las mayores contracciones en producción se presentan en metales preciosos, vehículos, marroquinería, carrocerías, maquinaria y equipo, otro equipo de transporte y la cadena textil y confecciones.

La encuesta conjunta en la que también participan Acicam, Acoplásticos, Andigraf, Camacol y la Cámara Colombiana del Libro, también reveló que 13 actividades alcanzan tasas positivas donde la mayor dinámica se da en productos de caucho, papel, hierro y acero, algunos subsectores de alimentos, sustancias químicas industriales y refinación de petróleo.

Otro factor que resaltó la Andi en la Eoic fue el crecimiento de la industria manufacturera colombiana frente a otras de la región. Mientras que países como México, Brasil, Perú y Chile crecieron 3,4%, a,1%, 0,3% y 0%, respectivamente en 2017, las cifras colombianas se ubicaron en números rojos.

“En el contexto internacional, encontramos que el comportamiento de la industria colombiana está muy por debajo de las economías desarrolladas e incluso es inferior a otras economías de la región”, indicó la Andi.

Frente a la capacidad en los indicadores en inventarios y pedidos, la asociación reveló que el indicador promedio de volumen de pedidos (79,6%) fue inferior al de 2016 (87,2%). Por su parte, el porcentaje de la producción que califica sus inventarios como altos fue en promedio en 2017 de 21,4%, indicador superior al promedio observado en 2016 (16,3%).

Tomado de: La República

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La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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