Mientras el desempleo de la región baja, Colombia permanece con la tasa más alta

Oct 31, 2013

La tasa de desempleo de América Latina decrecería a 6,2% según el último informe ‘Coyuntura laboral de América Latina y el Caribe n.° 9’ que elaboró la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). En el mismo informe se evidencia queColombia presenta el más alto índice de desocupación con 11,6% urbano. El documento […]

La tasa de desempleo de América Latina decrecería a 6,2% según el último informe ‘Coyuntura laboral de América Latina y el Caribe n.° 9’ que elaboró la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). En el mismo informe se evidencia queColombia presenta el más alto índice de desocupación con 11,6% urbano.

El documento cuenta el consolidado de cifras del primer semestre del 2013, y por ello aclara que a pesar de que el dinamismo de la economía global bajó y hubo una alta volatilidad en los mercados financieros.

La economía regional se expandió a 2,5% con respecto al mismo periodo en 2012, es muy probable que la tasa de desempleo caiga 0,1% en comparación con el año pasado.

Así las cosas, a pesar de la desaceleración de la economía regional, no hubo bajas significativas en las tasas de ocupación urbana en los países de la región, ya que las tasas de participación se mantuvieron estables, con una proyección positiva.

No obstante, Argentina y Uruguay no pueden dar un parte de tranquilidad ya que, según la Cepal, su tasa de desempleo urbano para el primer semestre del año aumentó. Para el caso de los argentinos hubo un incremento pasando de 7,2% a7,6%, y en el mismo sentido, hay más uruguayos desempleados, el indicador aumentó de 6,7% a7,1%.

Los países con mejores índices de desocupación en esta área siguen siendo Ecuador con 4,8%, Brasil con 5,7%, Perú con 6,1% y Chile con 6,2%.

La tasa de Colombia también bajó puesto que el año anterior tenía una cifra de 11,9%. Ante este panorama, Gonzalo Palau, profesor de economía de la Universidad del Rosario, cree que este es el lunar más grande de la economía nacional con relación a los otros países de la región y eso lo que produce es descontento y problemas sociales en el presente colombiano, “aunque vale la pena destacar que en el pasado el país llegó a padecer un índice de desempleo que rondaba el 20% y ahora estamos en un dato que se acerca mucho a la mitad”.

Ante este tema, Juan Carlos Ramírez, director de la Cepal en Colombia dice que “a pesar de la tasa, una mayor ocupación significa mejores efectos en la economía, puesto que con menos desempleo y mayor participación, se está combatiendo de frente la pobreza y se está luchando por la inclusión social, la cual favorece el bolsillo de los viejos y nuevos asalariados. Lo que apunta a un mejor desarrollo, y esto es lo que pasa en la región y su crecimiento”. De igual forma piensa, Stefano Farné, docente de la Universidad Externado de Colombia, quien opina que si a la zona le va bien, al país también a pesar de que hay que estar seguros de que falta un largo camino para reducir esa tasa de desempleo.”

Respecto a las tasas de participación urbana Farné dijo “es buen síntoma que se mantenga estable, subiendo o bajando en mínimas cifras, pero hay que tener cuidado con que ese índice se nutra de jóvenes que dejan sus estudios o de poblaciones vulnerables que buscan trabajo.”

Hay reducción en las brechas laborales
El informe de la Cepal también indicó que las brechas laborales por sexo se están achicando, puesto que la tasa de participación masculina se redujo mientras que la tasa de las mujeres se estancó. Además la tasa de ocupación en hombres se redujo un poco y la de las mujeres aumentó, acortando así las distancias que históricamente tenían los sexos en cuanto a participación laboral. Este panorama ayuda a dar cuenta de que la influencia de las mujeres en el mercado laboral es mayor y que las compañías empiezan a no distinguir a la hora de contratar a su personal, ya que empiezan a tener en cuenta otros factores que dinamizan el empleo y la participación de las damas.

Las opiniones

Juan Carlos Ramírez
Director de la Cepal en Colombia

“ Es muy probable que se aumente la tasa de ocupación formal debido a la baja de desempleo en la región y en el país, ahora hay más oportunidades”.

Gonzalo Palau
Docente en la Universidad del Rosario

“La reducción de la tasa de desempleo ayuda a suavizar el descontento social y también genera estabilidad en las economías de los países”.

La República.

Newsletter Cedetrabajo

El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

Torre de perforación asociada a exploración de gas natural

El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

Gustavo Petro habla en conferencia sobre transición energética

La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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