La transición energética en Colombia es inevitable, pero no puede improvisarse. Amat Zuluaga advirtió, que acelerar la salida del carbón y el petróleo sin un plan hundiría en pobreza a regiones como Cesar y Magdalena. Jorge Enrique Robledo coincidió: diversificar la economía es urgente antes de cerrar los combustibles fósiles.
El cambio climático obliga a replantear la producción de energía. Hacerlo sin plan afectaría a las regiones que viven del carbón y el petróleo. El cambio climático presiona a todos los países a reducir emisiones. En Colombia, la discusión ya no hace parte exclusiva de los círculos académicos. Afecta decisiones económicas y preocupa a las zonas que dependen del carbón y el petróleo. Nadie niega que el planeta atraviesa una crisis ambiental que exige reducir emisiones. Sin embargo, para Colombia, copiar fórmulas de países industrializados o acelerar la salida de los combustibles fósiles sin un plan sólido, como lo pretende hacer Gustavo Petro, puede ser un golpe duro para su economía.
El geólogo Amat Zuluaga, director del Observatorio de Transición Energética del Caribe, lo expuso en el podcast Sin pelos en la lengua, conducido por Jorge Enrique Robledo. Advirtió: la transición energética es inevitable, pero debe planearse con realismo. Robledo coincidió y recordó que los avances en salud, alimentación y bienestar social de los últimos dos siglos fueron posibles gracias a la era de los combustibles fósiles.
Cambio climático y transición energética: un camino largo, no un salto inmediato
“La transición energética no es un punto, es un camino”, dijo Zuluaga. Las emisiones de dióxido de carbono crecen entre 4% y 5% cada año. Según él, la energía solar y la eólica apenas alcanzan para cubrir la demanda nueva. La matriz sigue dominada en un 84% por combustibles fósiles.
“Estamos proponiendo dilemas innecesarios. Las nuevas energías no sustituyen al resto de la matriz, solo suman”, comentó.
También habló de la relación entre hidrocarburos y alimentación. Dijo que la pobreza extrema cayó del 90% al 10% desde la Revolución Industrial y que sin fertilizantes derivados de combustibles fósiles sería imposible alimentar a ocho mil millones de personas, que el 90% de los nitrogenados y la mitad de los fosfatados dependen de hidrocarburos y minería. “Sin eso, no abastecemos al planeta”, puntualizó.
El caso colombiano: emisiones bajas y un problema que nace en la deforestación
Colombia aporta apenas 0,5% de los gases de efecto invernadero mundiales. Según Zuluaga, el problema no está en las fábricas ni en las termoeléctricas. Lo grave ocurre en el campo. Cada vez que se tumba un bosque para meter ganado o sembrar monocultivos, el carbono que guardaban esos árboles pasa a la atmósfera. Además, el suelo deja de absorber lo que antes retenía. “Colombia debería concentrarse en reforestar y en combinar agricultura y ganadería con conservación”, recomendó.
Robledo, mencionó esa frase que cuando se habla del tema suele citar con algo de ironía: “Colombia es tan subdesarrollada que ni CO2 produce”. Recordó que buena parte de esa deforestación responde a intereses especulativos sobre la tierra. “Muchos desmontan monte solo para valorizar el suelo, ni siquiera para producir”.
La falta de industria pesada subrayó Zuluaga, limita el papel de Colombia en el calentamiento global. A diferencia de China, India o Indonesia, el país sigue dependiendo de exportar materias primas sin mayor transformación.
El riesgo social de abandonar los combustibles fósiles sin un plan serio
Zuluaga se refirió al peso económico del carbón y el petróleo en regiones como el Cesar y el Magdalena.
“No hay otro sector que contrate a la misma cantidad de trabajadores ni que pague salarios similares. Cambiar carbón por parques solares no genera la economía que necesita el Cesar ni el Magdalena”, afirmó.
En cuanto al dilema que muchos han planteado respecto a reemplazar la exploración petrolera por el turismo, Robledo agregó: “Tengamos petróleo y tengamos turismo. No hay razón para ponerlos a competir. Pretender reemplazar petróleo por aguacates o por turismo es absurdo”.
Zuluaga criticó además la tendencia de los gobiernos de volcarse en un solo sector económico. “Necesitamos diversificación abierta, no escoger entre uno u otro”, dijo.
Para el geólogo, la transición energética debe incluir encadenamientos productivos que involucren minería, hidrocarburos, agricultura y nuevas energías. De lo contrario, se perderán empleos y se agudizará la pobreza en zonas dependientes de los combustibles fósiles.
Carbononeutralidad y acciones inmediatas: la propuesta para Colombia
Zuluaga no defiende mantener los combustibles fósiles sin control. Su apuesta es exigir carbononeutralidad: cada empresa debería capturar la misma cantidad de CO2 que emite.
“Si produzco X toneladas de CO2, debo sostener un parque ecológico capaz de capturar esa cantidad”, explicó.
El geólogo propuso dos medidas inmediatas que el país podría aplicar sin afectar su economía:
- Llevar gas y electricidad al sector rural. En esas zonas, el uso de leña representa el 12% del consumo energético nacional. Sustituirla reduciría emisiones y mejoraría la calidad de vida.
- Modernizar las termoeléctricas. Incorporar ciclos combinados elevaría su eficiencia a más del 60%, aprovechando mejor la energía de combustibles ya usados.
También planteó diseñar matrices energéticas adaptadas a cada región: hidroeléctricas en la región andina, geotermia en los Llanos mediante agua de coproducción de hidrocarburos, y combinaciones de solar y eólica en zonas con alta radiación o viento. “La energía más eficiente es la que se consume donde se produce”, sostuvo.
Hidrógeno verde y energía nuclear: apuestas que no resuelven el presente
El hidrógeno verde se ha presentado como la gran alternativa, pero Zuluaga desconfía de su viabilidad inmediata. Producirlo sigue siendo más costoso y requiere más energía de la que luego entrega como combustible.
A largo plazo, ve opciones en el hidrógeno blanco y en la energía nuclear modular, que considera competitivas y seguras para zonas no interconectadas. “La energía nuclear es mucho más segura de lo que se piensa. Es como viajar en avión: menos accidentes que en bus, pero la gente le tiene más miedo”, comentó.
Transición sí, pero no así
Amat Zuluaga y Robledo coinciden en la idea de que, el cambio climático y la transición energética son urgentes, pero no pueden convertirse en un ejercicio de improvisación ni en un discurso populista.
“La esperanza no es un plan… y hoy estamos planeando el futuro energético de Colombia con esperanza.” Afirmó el geólogo.
Acelerar la salida de los combustibles fósiles sin un plan concreto, como promueve el gobierno de Gustavo Petro, podría hundir a regiones dependientes de la minería y los hidrocarburos en una crisis mayor de empleo e ingresos.
Robledo lo resumió en una frase “La sabiduría está en cómo hacer la transición sin desbaratar el planeta en el intento”.










