César Ocampo

Dic 13, 2009

Alberto Quijano, Director del Observatorio de la Universidad de Nariño, El Espectador, Bogotá, diciembre 12 de 2009 Toda la vida soñó con el espacio. Su vocación y profesionalismo lo convirtieron en uno de los científicos más destacados de la Nasa. Nació en Armenia en 1968 y emigró con sus padres a EE.UU. a la edad […]

Alberto Quijano, Director del Observatorio de la Universidad de Nariño, El Espectador, Bogotá, diciembre 12 de 2009

Toda la vida soñó con el espacio. Su vocación y profesionalismo lo convirtieron en uno de los científicos más destacados de la Nasa.

Nació en Armenia en 1968 y emigró con sus padres a EE.UU. a la edad de dos años. César Ocampo cuenta que “desde los cuatro años supe exactamente lo que quería cuando vi por televisión el lanzamiento de la misión Apolo XVII: ser ingeniero espacial”. Y así fue. Ocampo es ingeniero aeroespacial de la U. de Kansas, con una maestría y doctorado en Astrodinámica de la U. de Colorado. Actualmente es profesor asociado de la U. de Texas e investigador de la Nasa. Es experto en mecánica celeste, astrodinámica y control óptimo. Ha trabajado como investigador de planta en diferentes centros espaciales como el Jet Propulsion Laboratory, Goddard y Johnson. Fue también director científico del primer satélite colombiano, desarrollado por la U. Sergio Arboleda.

El doctor Ocampo trabajó por seis años con la empresa Hughes Space and Communications Company en diseñar órbitas para satélites comerciales. Hay una anécdota científica muy interesante del año 1998 relacionada con la recuperación del satélite geoestacionario AsiaSat, que no entró en la órbita adecuada debido a fallas del cohete. Empleando el combustible que poseía el satélite, el doctor Ocampo lo envió a la Luna en lo que se denomina una trayectoria de retorno libre. Después de dos órbitas lunares y utilizando la energía gravitacional, el satélite pudo ser colocado en la órbita adecuada alrededor de la Tierra. Fue la primera vez que se usó este método para colocar en órbita un satélite comercial.

Hoy en día, Ocampo también participa en varios proyectos de la Nasa. Diseñó y optimizó las trayectorias para la misión LCross, que impactó el 9 de octubre de este año en el cráter Cabeus del Polo Sur de la Luna, con el fin de buscar agua. También es el autor y director del programa “Copernicus”, que consiste en un sistema de software que diseña las trayectorias para el nuevo vehículo espacial Orión, que llevará a las futuras tripulaciones hacia la estación espacial y la Luna. El programa “Copernicus” es el software que la Nasa utiliza para planear sus misiones dentro del Sistema Solar.

Misión LCross de la Nasa

Del 3 al 11 de octubre de este año se realizó en Puerto Rico el Congreso de Astronomía Mundial de la American Astronomical Society. Ese viernes se programó a partir de las 7:00 a.m. una sesión especial relacionada con el evento LCross de la Nasa, experimento en el cual se hizo colisionar con la Luna dos cuerpos: el Centauro y la sonda LCross, para detectar la existencia de agua en el Polo Sur de la Luna. La órbita de la misión fue calculada por el científico César Ocampo.

Ese día estuve en primera fila observando en una pantalla gigante el impacto preciso sobre el cráter Cabeus II. Fue una experiencia espectacular. Vi en tiempo real los dos impactos en compañía de grandes científicos de la Nasa. Varios moderadores nos explicaron los detalles de los impactos. Fue un gran momento… ¡Una gran experiencia para el doctor César Ocampo!

Aunque la misión fue exitosa, muchas personas a través de internet hicieron correr el falso mensaje de que LCross fracasó, porque el flash que se originó por el impacto del Centauro y LCross no se observó desde la Tierra con los grandes telescopios como Palomar, Keck, Gemini, Subaru y el telescopio espacial Hubble. Pero el 13 de noviembre, más de un mes después de haber ocurrido los dos impactos en la Luna, la Nasa confirmó la presencia de hielo en nuestro satélite natural.

La pregunta que flotó en el ambiente académico en la época del impacto fue la siguiente: ¿Por qué no se vio el flash desde la Tierra con los grandes telescopios? ¿Por qué no se cumplieron los modelos matemáticos? Actualmente se sabe que la línea de visión desde la Tierra fue obstaculizada por una cresta alta del borde del cráter Cabeus. El penacho o columna de vapor de agua tuvo que ascender dos kilómetros para que la luz del sol se refleje en él y en los escombros de partículas finas.

La estructura del penacho y de las partículas no se “ajustó a los modelos teóricos” y la brillantez del flash sólo resultó igual a la tercera parte de lo predicho. Eso ocurre muchas veces en la ciencia. Por ejemplo, en el proyecto Deep Impact, la cantidad de polvo que se produjo fue mucho mayor que la predicha por los modelos. Eso significa que los grandes experimentos sirven para ajustar los modelos teóricos y aumentar la precisión conceptual de las teorías.

Hielo en la Luna

¿Cuál es la evidencia principal que indica la presencia de hielo en la Luna? Los científicos de la misión LCross han encontrado bandas de absorción del vapor de agua en la zona del infrarrojo y líneas de emisión en el ultravioleta, debidos a la presencia del radical OH. Este se produce cuando la luz ultravioleta del sol rompe las moléculas de agua, perdiéndose así un átomo de hidrógeno. También se ha registrado la presencia de sodio y se descubrió que las temperaturas del Polo lunar son más bajas que las calculadas: cerca de los 238 grados centígrados bajo cero. Esto permite a los científicos lanzar la hipótesis de que las regiones polares se convierten en excelentes “trampas de gases volátiles” y materiales exóticos que se conservan intactos durante millones de años.

¿Cuál es la importancia de este descubrimiento? Es necesario aclarar que el agua no puede estar en estado líquido en la Luna, debido a la ausencia de presión atmosférica. Pero lo cierto es que la presencia de hielo en la Luna facilitará extraordinariamente la exploración espacial, porque mediante la tecnología adecuada, esos hielos se transformarán en agua potable y el hidrógeno y el oxígeno se emplearán para elaborar combustible para las futuras naves espaciales que viajarán a Marte desde la Luna. De esta forma, la Luna se convertirá en una especie de terminal de transporte para los largos viajes hacia el planeta rojo.

En mis apuntes

En mayo de este año tuve la suerte de conocer al doctor César Ocampo en el evento “Aventura Espacial-Barranquilla”. A él le gustaron mucho los trabajos que presenté en esa ocasión en compañía del estudiante Luis Leonardo Chaves. En otra oportunidad, con motivo de la celebración del Año Internacional de la Astronomía y de los 40 años de la llegada del hombre a la Luna, el Observatorio Astronómico de la U. de Nariño programó el evento “Regreso a la Luna” y tuvimos la suerte de ser visitados por el doctor Ocampo.

El auditorio estuvo repleto. Miles de preguntas formuladas por los niños científicos iluminaron nuestro cielo. ¡Fue una experiencia extraordinaria! Ocampo explicó magistralmente el mundo complejo de sus investigaciones en el lenguaje de los pequeños. Muchas gracias, doctor Ocampo, por habernos brindado su sabiduría y sencillez. Usted es un gran ejemplo para los niños y jóvenes colombianos.

Newsletter Cedetrabajo

El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

Torre de perforación asociada a exploración de gas natural

El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

Gustavo Petro habla en conferencia sobre transición energética

La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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