La sombra de Betsy DeVos en la reforma a la educación de Petro

Jul 5, 2024

  • Presidente de la Junta de Cedetrabajo

    Psicólogo, Magister y Doctor en Sexualidad Humana y PhD en Salud Pública.

La Ley Estatutaria de Educación, acordada entre el gobierno de Petro, la bancada petrista, el Centro Democrático y Cambio Radical, refleja una combinación de populismo de derecha y medidas neoliberales, similares a las políticas educativas de Betsy DeVos, quien fue secretaria de Educación de Donald Trump.

Betsy DeVos es una multimillonaria estadounidense con una fortuna familiar que supera los 2.000 millones de dólares, según Forbes.

Sus donaciones a la campaña presidencial de Donald Trump y su trayectoria como promotora de una "revolución educativa" enfocada en la desregulación, privatización y entrega de la educación pública al libre mercado le valieron un puesto en el gabinete de Trump como secretaria de Educación el 7 de febrero de 2017.

Con el respaldo de su vasto imperio económico, que incluye cuantiosas inversiones en el sector privado educativo, DeVos ha defendido políticas que ahora forman parte de la doctrina del Partido Republicano y son un elemento clave en la estrategia política de Trump en la actual campaña electoral de Estados Unidos.

El articulado de la Ley Estatutaria de Educación, acordado entre la ministra de Educación de Petro, la bancada petrista y los partidos Centro Democrático, Conservador y Cambio Radical, presenta los mismos principios, una mezcla de populismo de derecha y medidas neoliberales, que son fundamentales en la política educativa de Betsy DeVos y el sector más conservador del Partido Republicano.

¿Cuáles son esas políticas regresivas que se oponen a una educación que promueva el desarrollo económico, científico y cultural de la nación?

  • Uso de fondos públicos para otorgar "vouchers" o bonos a las familias para pagar la matrícula en instituciones privadas, financiándolas indirectamente.
  • Sustitución de colegios públicos por "escuelas charter" (colegios en concesión en Colombia), que son financiadas por el Estado pero administradas por entidades privadas con fines de lucro.
  • No financiar la educación preescolar pública.
  • Eliminar la autonomía escolar y la libertad de cátedra.
  • Priorizar la educación vocacional sobre la educación científica.

 La teoría de la "libertad de educación" defendida por Betsy DeVos no es nueva; Milton Friedman ya la había propuesto en 1955.

El pionero de los principios neoliberales, en su artículo titulado «El papel del gobierno en la educación», sugirió desfinanciar la educación pública utilizando el mecanismo de los vouchers, trasladando así fondos estatales a la educación privada.

Friedman presentó un modelo sencillo pero eficaz para privatizar la educación pública: los vouchers sustituyen el subsidio estatal a la oferta educativa por un subsidio a la demanda. Con estos vouchers, los padres pagan la matrícula de sus hijos en instituciones privadas, actuando como consumidores que ejercen la libre elección, un requisito fundamental del neoliberalismo económico.

Los colegios funcionan como empresas privadas que compiten en el mercado por atraer clientes para su producto educativo. La competencia libre favorecerá la supervivencia de las entidades privadas más fuertes, permitiéndoles crecer y concentrar capital en manos de sus propietarios y accionistas, todo ello facilitado con recursos del Estado.

Desde su primer día en el gobierno de Trump hasta su renuncia el 6 de enero de 2021, Betsy DeVos se dedicó a consolidar el modelo neoliberal en la educación primaria y secundaria, siguiendo los principios de Friedman.

En particular, fomentó que el Estado destinara miles de millones de dólares en vouchers, e incluso durante la pandemia, redirigió fondos aprobados para las escuelas públicas hacia la financiación de vouchers que beneficiaran a colegios privados.

Para Betsy DeVos, el Estado, las escuelas públicas y los sindicatos de profesores han secuestrado de los estudiantes. Por lo tanto, el Departamento de Educación debe desaparecer. Según ella, esto "haría la educación en los Estados Unidos más fuerte, más centrada en el estudiante, mejor financiada, menos burocrática, despolitizada y de mayor rendimiento".

Los maestros, conscientes de las implicaciones de aprobar una ley estatutaria de la educación con un enfoque neoliberal extremo, decidieron oponerse de manera unitaria y radical.

DeVos también sostiene que los sindicatos de maestros deben desaparecer, culpándolos por los mediocres resultados de los estudiantes estadounidenses en el "Programme for International Student Assessment" o pruebas PISA. Propone que estos resultados deben ser la base para evaluar a los docentes.

Afortunadamente, los maestros organizados en Fecode han desmantelado estos argumentos y propuestas a través de años de estudio y movilizaciones en defensa de la educación pública.

Son plenamente conscientes de que estas medidas son perjudiciales para el progreso económico y la democracia del país. Han contribuido a que millones de colombianos superen el analfabetismo y alcancen logros académicos de alto nivel. Valoran profundamente la educación pública.

Conscientes de las implicaciones de aprobar una ley estatutaria de la educación con un enfoque neoliberal extremo, decidieron oponerse de manera unitaria y radical a la conciliación del gobierno con la senadora Cabal y sus colegas. ¡Y triunfaron!

Newsletter Cedetrabajo

El gobierno de Gustavo Petro ha tomado decisiones en materia energética basadas en una lectura equivocada de la estructura energética del país. La suspensión de nuevas exploraciones de hidrocarburos aceleró el paso de Colombia desde una relativa autosuficiencia hacia una creciente dependencia del gas importado, con implicaciones económicas y de seguridad energética que comienzan a sentirse.

Esta situación se vuelve aún más delicada en el contexto climático actual. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha confirmado la formación de un “súper Niño”, el fenómeno más intenso de la última década. En un país donde cerca del 70% de la electricidad depende del agua almacenada en embalses, los episodios prolongados de sequía no son un asunto menor. Cuando el nivel de los embalses cae, el sistema eléctrico colombiano depende de la activación de plantas térmicas que funcionan principalmente con gas.

Allí aparece el cuello de botella. Colombia ya no dispone del gas suficiente para operar plenamente esas plantas en escenarios de sequía prolongada. La escasez ya mostró sus efectos. Durante el último año, los precios de la energía en bolsa se dispararon más de 200%, reflejando las tensiones crecientes entre oferta energética, disponibilidad de combustibles y condiciones climáticas adversas.

Torre de perforación asociada a exploración de gas natural

El punto de quiebre llegó en diciembre de 2024, cuando Colombia vivió un hecho inédito en más de cuatro décadas: por primera vez en 45 años el país tuvo que importar gas para garantizar la demanda esencial de hogares y comercio. Este es el resultado de una tendencia preocupante. Las reservas nacionales han venido cayendo y la producción se redujo cerca de 9% en el último año.

Como consecuencia, Colombia se ve obligada a comprar gas en los mercados internacionales a precios mucho más altos. Mientras el gas producido localmente ronda los 6 dólares por unidad, el importado puede costar entre 15 y 16 dólares. En un escenario de mayor dependencia externa, agravado además por las tensiones derivadas de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, las facturas de energía podrían aumentar entre 30% y 40%, Según el exministro Amylkar Acosta.

Gustavo Petro habla en conferencia sobre transición energética

La pregunta inevitable es por qué el país enfrenta hoy esta escasez. Una de las razones centrales es el freno deliberado a la exploración de hidrocarburos. Diversos expertos han señalado que decisiones como la suspensión de los pilotos de fracking han cerrado la puerta a esta tecnología que en su versión 6.0 incorpora cambios tecnológicos frente al tradicional, destacándose por el uso de CO2 capturado en lugar de grandes volúmenes de agua, la integración de inteligencia artificial para anticipar y mitigar impactos ambientales y una reducción significativa de emisiones. De acuerdo con Acosta, esta tecnología podría emitir hasta 8 veces menos CO2 por barril que la producción convencional en Colombia y, además, permitiría multiplicar por 8 las reservas de gas natural del país, lo que ayudaría a cubrir el déficit energético y reducir la dependencia de importaciones.

A esto se suma un problema conceptual en la forma como se está comunicando la transición energética desde el Gobierno. El presidente Petro tiende a confundir la matriz eléctrica con la matriz energética total. Aunque la electricidad en Colombia es mayoritariamente hidráulica, esta representa apenas alrededor del 18% del consumo energético total. El restante 82% sigue dependiendo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y gas.

Presentar a Colombia como un país que ya dejó atrás la dependencia de los hidrocarburos no solo es incorrecto desde el punto de vista técnico; también puede generar señales equivocadas para la inversión. Desincentivar el desarrollo de los sectores de petróleo y gas en un momento en que siguen siendo la base del sistema energético nacional compromete la seguridad energética y debilita sectores indispensables para la reindustrialización del país.

La transición energética es necesaria, pero debe ser realista.

Desmontar el sistema energético existente sin contar con alternativas maduras y suficientes no es una transición ordenada: es un salto al vacío. Desde Cedetrabajo hemos insistido en que la política energética debe combinar la expansión de energías renovables con una gestión responsable de los recursos hidrocarburíferos durante el período de transición.

Si Colombia no reactiva la exploración y no destraba proyectos estratégicos como el yacimiento Sirius en el Caribe, hoy afectado por la paralización de las licencias ambientales, el país seguirá perdiendo soberanía energética. En ese escenario, la dependencia de importaciones será cada vez mayor y los costos terminarán trasladándose a hogares y empresas.

La transición energética no puede convertirse en una política de desmantelamiento prematuro del sistema energético. Debe ser, por el contrario, una estrategia de transformación gradual que preserve la seguridad energética del país mientras se construyen las bases de un nuevo modelo productivo. De lo contrario, la promesa de transición podría terminar desembocando en una tormenta perfecta.

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